Comimos estupendamente en Don Camilo aunque los camareros no fueran muy amables y los precios fueran algo caros; y después de comer tomamos la Vía Guidecca, el corazón del antiguo barrio judío y empezamos a disfrutar de sus callejuelas con preciosos balcones, ventanales y portales.
Lástima que haya que echarle un poco de imaginación y pensar en tiempos mejores en los que la pintura de las paredes no estaría desconchada; los colores de las fachadas serían vivos; y las paredes estarían en perfecto estado y no con aspecto ruinoso como ahora.
Eso sí, en las fotos Siracusa sale muy favorecida y así es más fácil olvidar el desaliño general de la ciudad.