Desde el camino que nos acercaba a la villa, nuestro guía Honofrio nos mostró lo que queda de las calderas que calentaban el agua para los baños. Siguiendo el mismo camino las rodeamos y nos acercamos a ver nuestro primer mosaico, el de la sala de los masajes.
Es una pequeña sala cuadrada en cuyo pavimento se ve representado a un sirviente dándole masaje a su señor, a otro sosteniendo un bote con aceite y a otros dos hombres más.
De allí continuamos hasta el frigidarium, una gran sala octogonal rodeada de 2 piscinas, 4 vestidores y dos pasillos. En la sala central está representada una escena de cortejo marino con nereidas y tritones y los cuatro vestuarios muestran a un joven que se viste y a una mujer que se desviste.
Salimos de la zona de baños para ver el patio por el que se entraba a la villa. Aquí sólo quedan las columnas y la base de lo que fue el arco de su puerta principal.